Nací en Montevideo y tengo 33 años.
Pinto desde muy chica; de forma autodidacta fui descubriendo en la pintura un espacio propio que me acompañó siempre. Ya de adulta, profundicé mi camino tomando clases con José María Giraldéz, una experiencia que enriqueció mi mirada sin alejarme de lo intuitivo.
Encuentro en la abstracción un lugar de libertad. Es un idioma o un dialecto en el que puedo expresar mis emociones, mis estados de ánimo y todo aquello que a veces no logra decirse con palabras.
No me identifico tanto con la idea de “artista”, sino más bien con la de alguien que explora y se comunica a través de ese lenguaje.
