Nacida en Artigas en 1988, Gea encontró su primer vínculo con la materia en el campo. Allí, transformando elementos naturales con sus manos, descubrió una vocación que años más tarde se convertiría en su mayor refugio.
Para Gea, el arte no surgió como una carrera convencional, sino como una forma de procesar la vida y transformar las experiencias más complejas en un lenguaje propio. Su historia personal, marcada por desafíos profundos y momentos de silencio, encontró en la escultura una vía de sanación y reconstrucción.
Su técnica es de una entrega absoluta: trabaja el mármol en talla directa. Sin bocetos ni modelos previos, Gea enfrenta el bloque de piedra directamente, utilizando herramientas simples como la amoladora, el cincel y la maceta.
Sus esculturas nacen de vivencias profundamente humanas: la memoria, la fragmentación y la búsqueda de identidad. El arte no borró su camino, pero le permitió convertirlo en belleza y expresión.
